Hablar
de una posible historia del libro nos remite, necesariamente, a
la memoria de la tipografía relacionada con la aparición
y perfeccionamiento de herramientas como cinceles, papiros, tablillas,
pieles, madera, pergaminos y papel, entre otras. Si bien, cronologías
de alfabetos datan hasta cuando menos 3500 años antes de
Cristo, la historia registra diversos usos de escritura sobre soportes
de pieles y tablillas.
Los
primeros libros consistían en planchas de barro que contenían
caracteres o dibujos incididos con un buril. Las civilizaciones
antiguas que los utilizaron fueron los sumerios y los babilonios.
Por su parte los griegos y los egipcios daban testimonio de hechos
a través de rollos compuestos por tiras de papiro. También
se tiene registro del uso de pergaminos y algunos materiales derivados
de las pieles secas de animales, que no presentaban tantos problemas
de conservación como los papiros.
El Imperio Romano fue decisivo en el desarrollo y la difusión
del alfabeto occidental. De esta forma, puede hablarse ya de tres
estilos tipográficos formales hacia el siglo I, a saber:
Quadrata
que consistía en el uso de mayúsculas cuadradas
romanas, originalmente cinceladas en piedra.
Rústica,
que se utilizaba para las versiones menos formales y, por tanto,
más rápidas en su ejecución.
Cursiva se denominaba a varias modalidades de inclinación
de las mayúsculas. Además, otra aportación
de los romanos a la tipografía es lo que se conoció
con el nombre de columna Trajana, antecedente de la noción
de línea.
Herramientas
tipográficas
Muchas
son las implicaciones e inventos involucrados en la historia
de la tipografía y del libro. Algunas herramientas
que se fueron incorporando a la generación de libros
tienen que ver, como se mencionó, con los soportes,
es decir, las superficies sobre las que se colocaban, grababan
o inscribían los signos. Otras enseres que no podemos
dejar de considerar son los materiales con los que se escribía
como: las tintas (elaboradas a base de una mezcla de agalla
de encina, cerveza y vinagre), las plumas, a las que se
hace referencia ya en La Biblia, que se fabricaban de diversos
materiales como junco o se adaptaban aquellas provenientes
de aves; los llamados "stilus", elaborados
con astillas de hueso, hierro, plata o marfil que contaban
en una extremidad con punta, para incidir los caracteres,
y en la otra con una especie de espátula, para aislar
la cera, que se utilizaba como borrador. El pincel, que
se utilizó para escritura en oro y códices,
y finalmente, el lápiz, que fue adoptado en 1700
d.C., cuando se descubrieron los yacimientos de grafito.
|
|
Con
el tiempo, se incorporaron técnicas y procedimientos para
decorar e ilustrar manuscritos. Lo más frecuente era el uso
de lacas obtenidas por reacciones químicas, o bien, a base
de materiales vegetales; en ocasiones, y con el fin de que los colores
se fijaran mejor, se distribuía sobre la superficie una mezcla
de clara de huevo con miel. Durante la Edad Media las miniaturas
llegaron a ser más complejas ya que a la terminación
se le daba una capa de barniz con goma arábiga, lo cual hacía
la pieza más brillante.
Las miniaturas medievales
Los
sacerdotes eran quienes dirigían la elaboración de
los manuscritos y determinaban los contenidos, en tanto que los
miniaturistas hacían las partes secundarias, tales como las
letras iniciales, adornos, márgenes y la ilustración.
Como letras capitales se utilizaron peces y pájaros y, con
el tiempo, se incorporó el uso de rojo, verde y amarillo.
El estilo bizantino en la elaboración de miniaturas se caracterizó
por el intenso uso del oro, el púrpura y los colores oscuros.
El
arte de encuadernar manuscritos
La
encuadernación se remonta al siglo I. Las hojas, que se fabricaban
de papiro o pergamino, se insertaban entre dos tablas de madera
. Con el paso del tiempo, las pastas de los manuscritos se adornaron,
al grado de convertirse en obras maestras; los textos sagrados fueron
decorados con piedras preciosas, oro y marfil.
Los
copistas
Con
la reproducción a mano de manuscritos surgieron los copistas,
quienes reunieron en una sola persona el oficio de escritor y de
vendedor. De esta forma la ganancia de la copia de una obra correspondía
en parte al autor de ésta que por cierto monto la prestaba
a los copistas. A partir del siglo IV, al prevalecer definitivamente
el pergamino sobre el papiro, el codex sustituyó al rollo
y, desde entonces, ha constituido la forma común del libro.
Las dimensiones de un códice, se llamaban "forma"
en la Edad Media. Los códices se componían de cuadernos
y estos, a su vez, se subdividían en folios y páginas.
El "folio" era la hoja doblada en dos y constaba de cuatro
carillas, la "página" era una carilla . El "cuaderno"
era un pliego de cuatro folios, cosidos a mano en un solo fajo.
Cuando el escriba terminaba una copia, el rubricador escribía
en tinta roja una lista de títulos de los capítulos
y adornaba las letras iniciales de las frases con un trazo vertical.
La
xilografía
La
fabricación de papel, así como el sistema de producir
varios ejemplares de un libro por medio de la impresión,
proviene de China. En el siglo II a. de C. se imprimieron hojas
cuyo texto se encontraba tallado en una piedra lisa. Más
tarde se pudo sacar un número mayor de impresiones. Luego
de haber terminado una columna, se le aplicaba una capa de color,
se la cubría con una hoja de papel y se ejercía presión
sobre ella. De ésta manera, quedaba impresa la escritura.
Hacia el siglo VIII se difundió la impresión sobre
madera. Cuando el papel comenzó a generalizarse se produjeron
las impresiones xilográficas por medio de una tinta de imprenta
hecha de barniz, linaza, betún y negro de humo. Gran parte
de las imágenes eran de santos, cartas y calendarios. Es
hacia 1430 que se produjeron los primeros libros xilográficos
en Holanda y Alemania.
Muy
pocos libros xilográficos fueron conservados. Casi todos
fueron escritos en latín y sus ilustraciones pintadas a mano.
Entre los que se conservan se halla una gramática latina,
denominada Donato, nombre que hace referencia a su autor: Aelius
Donatus.
En
el siglo X, en el monasterio de St. Gall, Suiza, se experimentaba
con un nuevo tipo de letra comprimida y angulosa. Era más
rápida de escribir y aprovechaba mejor el papel. Estos factores
eran de gran ayuda en un momento en el que la demanda de escritos
se había incrementado notablemente. En los siglos posteriores,
la copia de libros aumentó todavía más. Hacia
el año 1,100 d.C. entra en Europa, a través de Sicilia
y los musulmanes establecidos en España, un invento ya viejo
en Oriente: el papel, poco a poco el secreto de la fabricación
de papel fue corriendo por Europa.
Por su parte, en los países nórdicos se desarrolló
una variante de letra muy estrecha y muy negra: la letra gótica,
que se difundió, aunque con desigual acogida, por todo el
Viejo Continente. En Italia se ideó una variante de la gótica
más redondeada pero igual de condensada: la littera moderna,
que fue muy utilizada durante todo el Renacimiento.
 |
Caracteres
móviles y la ascensión de la imprenta
El ambiente iba propiciando, cada vez más, la profundización
en las técnicas manuales de escritura. Así,
previo a la invención del huecograbado en 1446, Niccolo
Niccoli desarrolló una tipografía precursora
de la escritura itálica moderna y elaborada a partir
de la cursiva gótica informal y, de este modo, llegamos
a 1450 con la invención de los caracteres móviles
y la prensa que creó la imprenta en Europa, invento
que resumió los pasos anteriores realizados en Oriente
y Occidente atribuido a Johann Gutenberg, de cuyo taller salió
en 1456 La Biblia de 42 líneas, de Mazarino.
Tras la invención de la imprenta se suceden las impresiones
de diversas publicaciones y libros. En 1609 nace en Estrasburgo
la primera revista semanal y en 1622, en Alemania, el primer
periódico.
|
|