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Durante su actividad institucional, las áreas a su cargo
han sido coeditoras de numerosas ediciones. Sobresalen las colecciones
de arte y la colección editorial Los 50, que alcanzó,
entre 1975 y 2000, 70 títulos. Asimismo tuvo a su cargo
la revista Fronteras y realizó producciones discográficas
diversas.
Se
pueden encontrar más datos hemerográficos, como
artículos, conferencias y colaboraciones diversas, en
el Diccionario de escritores mexicanos, de Aurora Ocampo, que
apareció con el sello de la UNAM y el Instituto de Investigaciones
Bibliográficas, en 1997; en el Diccionario Enciclopédico
de México, y Milenios de México, de Humberto Musachio;
y en el Diccionario biobibliográfico de escritores contemporáneos
de México, INBA/ SEP/ Brigham Young University. A partir
de la edición de 1987, aparece en la Enciclopedia de
México, publicada por la Secretaría de Educación
Pública.
¿Por
qué escribes?
Es una de las respuestas siempre difíciles de ofrecer.
Es muy complejo dilucidar la razón por la que un niño
o un muchacho se empieza a interesar por la escritura. Creo
que hay muchas razones probables, alguna quizá tendría
que ver con su memoria infantil. Yo no sé por qué
razón escribo, sólo sé que no puedo dejar
de hacerlo y que es uno los mayores gozos que uno puede tener.
Sin duda, mi mayor placer es escribir, y solamente se compara
a amar, a cantar, a leer...
¿Para
quién escribes?
Uno cree que no escribe para nadie y creo que es la mejor condición
para hacerlo. Pero hay que reconocer que finalmente uno quiere
publicar lo que ha escrito y busca a un interlocutor, a un lector
hipotético que se acerque para completar la dimensión
semántica de lo que uno escribe. Uno completa la comunicación
cuando tiene un lector. De todas maneras, aunque no hubiera
un lector, el escritor se obliga a terminar un texto, a pulirlo
y revisarlo. Con un lector se completa la dimensión semántica
del texto: al publicar estamos buscando efectivamente a un lector,
así que ese quién al que se escribe, invisible
en el momento de la creación, cuando se publica el texto,
está por lo menos idealizado.
Para
ti, ¿escribir es una
profesión, un oficio o una afición?
Podría decirte que las tres cosas. Escribir es un oficio,
indudablemente un gran oficio. Resalto las virtudes del oficio
en sí mismo, es un oficio que requiere tiempo, dedicación,
esfuerzo; un afán por obtenerlo, por mantenerlo, por
renovarlo, según el caso. Escribir poesía no es
una profesión, porque no siempre se obtiene un honorario
por ejercerlo, aunque cuando se obtiene me parece muy bien;
obtener un recurso económico por lo que se escribe debería
ser el ideal. De todas maneras es una afición que tiene
su mejor expresión cuando está acompañada
del oficio; sin duda es un oficio noble, digno, que requiere
siempre estar al día.
¿Cómo
relacionas la lectura con la escritura?
Relaciono directamente a la escritura con la lectura. Creo que
no se puede ser escritor sin ser lector, aunque no necesariamente
las lecturas tengan un reflejo inmediato y directo en lo que
se escribe. La lectura es indispensable y vital para todos.
Al
escribir, ¿piensas
en el lector?
Decía yo que al escribir no pienso en el lector, pero
evidentemente al corregir pienso en él porque si voy
a publicar algo, evidentemente quiere ser leído: ahí
está la gran diferencia.
¿Tienes
algún método para escribir?
Si pensamos que la escritura es un oficio, y no una profesión,
también pensamos en que la gente que escribe poesía
tiene otros y diversos trabajos: hoy estamos aquí en
esta oficina, haciendo esta entrevista, y este trabajo obligadamente
tiene un horario y una rutina; de modo que cuando uno termina
su rutina de trabajo, es cuando se busca los espacios y tiempos
para escribir. Pero no me desespero, en Fernando Pesssoa leí
una frase que me gusta mucho: él sugiere que al momento
de escribir no solamente se escribe con la emoción, sino
también con el recuerdo de la emoción.
En ese sentido, el recuerdo de la emoción está
presente siempre y va más allá de la inspiración
inmediata.
Para
escribir, ¿tienes algún
horario o rutina?
Yo empecé a trabajar antes aún de empezar a escribir,
así que durante toda mi vida los horarios para escribir
siempre serán los que estén fuera del tiempo de
trabajo. Las noches, las madrugadas...
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Trabajo mucho con manuscritos, muchísimo; pero desde
hace algún tiempo también trabajo con la computadora
porque da la posibilidad de que los borradores se vayan reuniendo,
entonces al tiempo que tengo los cuadernos con algunas notas
en los márgenes, escribo también en la computadora.
La poesía casi siempre la hago de manera manuscrita,
los demás textos directamente en la computadora. Cuando
escribo poesía los manuscritos dan el tiempo necesario
para la respiración poética; a medida que uno
trabaja el manuscrito, el lápiz, la pluma sobre el papel,
se mueven simultáneamente con las ideas, camina uno de
manera acompasada y rítmica, y después se transcribe
a la computadora. Casi siempre corrijo sobre la computadora
los poemas ya reunidos.
¿A
quién se parecen los personajes de tus textos?
Como principalmente escribo poesía, no tengo personajes;
o en todo caso, los personajes aparecen muy de vez en cuando.
Creo en el Yo lírico, que de muchas maneras es un personaje
literario en sí mismo. En la poesía se expresan
diversos rostros, varias facetas de uno mismo, las distintas
expresiones de una persona. Creo que el Yo poético es
un obstinado que también se transforma mucho, es el Yo
poético el que habla. En general los personajes que han
aparecido en mi poesía son sobre todo escritores o bien
destinatarios del mensaje poético, ese real o ficticio
Tú.
¿Hay
algún episodio o persona de la vida real que te haya
impulsado a escribir?
Prácticamente todos los poemas hablan de episodios de
la vida de uno. A veces no es exactamente una anécdota
que le haya ocurrido a quien escribe, sino que es algo que le
ha ocurrido a otras personas y que se vierte en el papel buscando
la forma más adecuada de representar esa sensación
poética que hay que traducir a palabras.
¿Escribir es una forma
de conocimiento?
Desde luego, escribir es una forma de conocimiento.
¿Crees
en la inspiración?
Si, es un estado anímico especial. Pero la inspiración
no hace el poema. Lo que hace el poema es el trabajo, el oficio.
La inspiración puede existir, si está soportada
y fundamentada por el trabajo y el oficio.
Algunos
afirman que escribir es doloroso, ¿lo
es para ti?
Creo que sí. Escribir es una parte por la que uno se
desborda, por la que uno se expresa y si dije que era gozoso,
también por contrapartida es doloroso. Hay momentos dolorosísimos.
Tenemos otro ejemplo de Fernando Pessoa:
El
poeta es un fingidor.
Finge tan completamente,
que llega a sentir que es dolor
el dolor que realmente siente.
¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros
textos?
Escribí desde niño y cuando tuve veinte o veintiún
años comencé a pensar seriamente en que mi escritura
tenía que ser más profesional. Uno se vuelve más
riguroso en el oficio.
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas con la escritura?
Tengo los grandes problemas de la escritura en sí misma
¿Cómo voy a traducir esta sensación poética
de la realidad en palabras?
Las palabras intentan llevar esta emoción para después
contársela a alguien. Pero siempre el poema está
lejos de lo que uno siente. Nunca, o casi nunca podemos decir
exactamente lo que queríamos. Siempre el poema está
atrás.
¿Te
ha sido fácil dominar la gramática?
No domino la gramática, jamás la dominaré.
A veces un buen escritor desafía a la gramática,
y ese hecho puede estar tan bien logrado y ser tan útil
al idioma que años más tarde se tendrá
que incorporar a la gramática. Siempre la gramática
trata de incorporar lo que la gente hizo antes. Se hacen gramáticas
cuando las lenguas tienen muchos años de hablarse. La
gramática española apareció cuando la gente
ya llevaba siglos y siglos hablando el idioma, y la gramática
buscó ordenar y estructurar la lengua, pero como la lengua
existe desde antes yo no podría decir "dominar la
gramática", pero sí puedo decir que el uso
correcto de la gramática tiene que ver muchísimo
con la experiencia como lector.
Cuando
estás en el proceso de escribir, ¿te
retroalimenta la lectura de otros autores?
Siempre me retroalimenta, no solamente cuando estoy en el proceso
de escribir; de hecho nunca he dejado de escribir. No puedo
decir que diariamente escribo, pero siempre estoy con algo por
escribir. Por eso la lectura viene a ser un alimento permanente,
una retroalimentación importante para este ejercicio.
Una
vez que tu texto está terminado, ¿lo
revisas?
¿se lo das a leer a otros? ¿Qué piensas
de la autocorrección?
Una
vez que el texto está terminado, lo reviso muchísimo.
La autocorrección es otra parte del oficio de escribir:
es reescribir, es cotejar. Se parece muchísimo a aquellos
momentos cuando uno conversa con alguien asuntos delicados,
temas importantes, cosas emotivas; y cuando termina la conversación
se reflexiona en lo que hubiera podido decirle a esa misma persona
de haber tenido tiempo de reflexionar un poco más.
También doy a leer mis textos a otros, sobre todo a otros
que son lectores. Es gente de la que aprecio su punto de vista,
pero tampoco desconfío tanto de lo que escribo como para
dárselo a leer a demasiada gente, porque cada uno me
daría un punto de vista muy diferente de la literatura.
Finalmente uno propone al escribir una manera de enfrentar el
hecho literario.
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Confío mucho en los talleres. Así me formé.
Hablábamos de que escribir es un oficio, los oficios
se dan también en talleres. Los alfareros hacen las ollas
en los talleres de alfarería; los herreros hacen su trabajo
en los talleres de herrería; y los escritores hacen escritura,
literatura, en los talleres de escritura. Desde luego que confío
muchísimo en ellos porque hay otros que ejercen el mismo
oficio y con mayor experiencia sugieren cómo hacer mejor
las cosas. Confío muchísimo en los talleres de
escritura en general, en los talleres de creación literaria
y en los talleres de lectura.
Si
estuvieras en una isla desierta, ¿qué
libro te gustaría que te acompañara?
Hay muchos libros que me gustaría llevar, algunos de
los que estoy leyendo en este momento. Si sólo tengo
que llevar un libro, sin duda alguna llevaría El Quijote,
creo que a pesar de que mencionarlo resulta un lugar común,
en ese libro está el inicio de la literatura contemporánea
en nuestra lengua, y por esta razón me gustaría
leerlo y leerlo hasta sabérmelo de memoria; me daría
muchísima comprensión de la historia y las posibilidades
expresivas de mi lengua y de nuestra literatura.
¿Qué
opinas de la relectura?
Uno goza muchísimo los libros porque uno se transforma.
Y ahora que tengo más años, mis lecturas y relecturas
se han vuelto totalmente distintas.
Las relecturas son indispensables para la formación de
cualquier persona. Hay libros que forman parte de un placer
que ya pasó, pero que siempre estará presente
en la relectura.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada con la escritura? ¿cuál
la más desafortunada?
Uno siempre cree que es afortunado cuando termina un libro;
y es desafortunado cuando no puede escribir esa línea
que sensiblemente tenía tan clara, pero que no ha podido
traducir a palabras. La experiencia afortunada es otra vez el
gran gozo, el gran placer, por lo menos algún libro que
se ha aproximado a lo que uno quería decir.
¿Nos
quieres hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros
escritos por ti son tus favoritos y por qué?
Me gustan todos mis libros, aunque sea un poco arrogante al
decirlo. Me gusta mucho el primer libro que publiqué,
que en realidad fue el segundo que escribí, pero el primero
que publiqué, se llama Donde habita el cangrejo; tuvo
el premio Casa de las Américas en Cuba en 1980. Ese libro
me gusta de varias maneras: me gustó mucho el ímpetu,
la imaginación de aquel muchacho de veinticinco años,
sus maneras de enfrentar sus hallazgos. Uno siempre dice que
el libro que está escribiendo es el favorito, y de muchas
maneras tiene razón. Me gusta Navegar es preciso, que
editó el Fondo de Cultura Económica en 1984. Me
gustó Cantos para una exposición, que ganó
el premio de poesía de Aguascalientes en 1994. Me gusta
mucho La manzana en la cabeza, un libro que publiqué
en el año 2000, y me gusta El álbum blanco, que
acabo de terminar con poemas escritos entre 2000 y 2002, mis
poemas del nuevo siglo...
Estoy también por publicar Decíamos ayer..., una
antología en la que hay poemas muy recientes y otros
más viejos: son los distintos Eduardos que yo he sido
a través de todos estos años.
¿Deseas
agregar algo a esta entrevista o dar un mensaje a los jóvenes?
Mi mensaje a los jóvenes es que se interesen por la lectura
y no hagan caso de los mensajes que dan los escritores, cuyo
único mensaje, en todo caso, es lo que han escrito, no
lo que dicen de la escritura. Que los jóvenes se den
cuenta que con el libro uno cambia mucho, favorablemente por
supuesto. A los jóvenes que quieran escribir, que lo
hagan. El que quiere escribir, tiene que leer muchísimo,
tiene que respirar el oficio día con día.
Escribo
porque sí ...
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