Durante
su mandato de 1946 a 1955, el presidente Juan Domingo Perón reavivó
la pasión argentina sobre las islas, en nombre del anticolonialismo
y el panamericanismo. Gran Bretaña no le hizo caso. Sin embargo,
en las décadas siguientes la Asamblea General de la Naciones
obligó a Inglaterra a entrar en negociaciones con Argentina para
encontrar una solución pacífica a la disputa, se habló
de la posibilidad de un condominio anglo-argentino o de un estatuto
al estilo Hong Kong
El
tema de la soberanía de las Malvinas no se discutió formalmente
hasta 1977, el mismo año en que el servicio de espionaje británico
advirtió de una invasión argentina sobre las islas. Gran
Bretaña envió una pequeña flota de guerra, sin
hacer publicidad, y la amenaza se desvaneció. En 1980, cuando
llegó al poder Margaret Thatcher, el gobierno británico
anunció el desmantelamiento de la base científica en Georgia
del Sur y una importante reducción del presupuesto militar, que
implicaba el retiro del único buque de guerra permanente en el
Atlántico Sur. Buenos Aires interpretó estas acciones
como una prueba del desinterés británico en la región
y se preparó para recuperar las islas.