En 1982, los casi 2 mil habitantes de las Malvinas, llamados kelpers ("los que comen algas"), gozaban de una vida relativamente tranquila. La gran mayoría de ellos residían en Puerto Stanley y se dedicaban a la cría de 650 mil ovejas, bajo la gestión de la empresa inglesa Falkland Island Company.

En Argentina, en cambio, la vida se había tornado cada vez más complicada desde que los militares habían ascendido al poder en 1976, mediante un golpe de estado. En 1982 la situación interna era inestable, la economía iba de mal en peor, con la inflación y la deuda externa disparadas, y socialmente había un enorme descontento, que comenzaba a expresarse en manifestaciones contra el gobierno. El militar Leopoldo Galtieri gobernaba el país y sabía que necesitaba urgentemente un recurso que afianzara su gobierno y el poder de la junta militar.


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Galtieri decidió jugarse su destino en las islas Malvinas, controladas por Gran Bretaña, pero reclamadas desde hacía mucho tiempo por Argentina. Galtieri y sus seguidores creyeron que una rápida victoria militar sobre los ingleses lograría recuperar para el régimen militar la popularidad perdida. Los militares argentinos pensaron que los británicos no se molestarían en defender las desoladas islas a más de 12 mil kms de Inglaterra. Además, creyeron que contarían con el apoyo de la administración de Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos, quien se había aliado con las dictaduras latinoamericanas para combatir las guerrillas procomunistas.

Los preparativos de la invasión se hicieron en el mayor secreto. Esta se basó en dos etapas: la Operación Alfa, que usaría para encubrirse al empresario argentino Constantin Davidoff, comprador de chatarra. Davidoff introduciría comandos militares entre el grupo de obreros que mandaba a trabajara Puerto Leith, en Georgia, para desmantelar unas instalaciones balleneras abandonadas. Y la Operación Rosario, que implicaba desembarcar sorpresivamente en Puerto Stanley.

El 2 de abril, una gran fuerza argentina (5 000 hombres) invadió las islas y aplastó rápidamente a la guarnición de la marina real que contaba con pocas armas, haciéndose cargo de la gobernación militar el general de brigada Mario Benjamín Menéndez. Los británicos denunciaron la invasión y comenzaron a movilizarse.

El 2 de abril el diario argentino La razón titulaba:

"HOY ES UN DÍA GLORIOSO PARA LA PATRIA"

 

 

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LAS MALVINAS EN MANOS ARGENTINAS
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