Pero detrás de una solidaridad aparente varios países
se definieron de otra manera: Uruguay defendió a sus vecinos
pero abrió su espacio aéreo y marítimo a las naves
inglesas, a condición de que fuesen desarmadas; Brasil dio acceso
a una de sus bases a un submarino inglés que tenía problemas;
Perú se declaró neutral y Chile (el general Pinochet)
apoyó secretamente a los ingleses.
En
Europa hubo total solidaridad en torno a Inglaterra, especialmente de
Francia. Los franceses y los alemanes cancelaron toda entrega de armas
a Argentina. Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Italia,
la Comuinidad Europea y la OTAN declararon un embargo comercial contra
Argentina. Hasta España, que tenía importantes intereses
comerciales en Argentina, se abstuvo de apoyar al país sudamericano,
aunque tampoco apoyó abiertamente a los ingleses.
Estados
Unidos estuvo en la indefinición durante las primeras semanas
porque el conflicto enfrentaba a dos países aliados. Sólo
cuando las operaciones militares empezaron, el gobierno de Ronald Reagan
se decidió a apoyar directamente a Inglaterra. Moscú,
por su parte, ofreció su apoyo a Argentina.
El
Consejo de Seguridad de la ONU condenó la agresión argentina
y reconoció el derecho británico a ejercer la legítima
defensa.