A corto plazo, los militares acertaron respecto de la reacción inmediata de la población: la invasión produjo un desbordamiento de sentimientos patrióticos. Esto se debió en buena medida a la manipulación de los medios de información, que exageraban las victorias argentinas y callaban las noticias sobre el contraataque inglés.

Pero los argentinos no pudieron evadir mucho tiempo la realidad. Las tropas británicas, mejor entrenadas y más experiementadas, sitiaron a los soldados argentinos que se encontraban en Port Stanley y obtuvieron su rendición. La derrota golpeó muy duro el ánimo de los argentinos. El sentimiento de fracaso llevó a la decepción total del régimen militar que los gobernaba. El fervor patriótico se tornó en manifestaciones ante la Casa Rosada y el general Galtieri se conviritó en el blanco de los ataques.

 

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Leopoldo Galtieri renunció a la presidencia de la República y la unidad militar comenzó a desquebrajarse, abriéndose así el largo proceso que llevaría a la democracia a Argentina. Después de Galtieri, se nombró como nuevo presidente al general retirado Reynaldo Bignone. Al asumir el cargo en julio de 1982, Bignone repitió que las Malvinas pertenecían a los argentinos. Prometió elecciones al año siguiente y el regreso del gobierno civil antes de 1984.