A corto plazo, los militares acertaron respecto de la reacción
inmediata de la población: la invasión produjo un desbordamiento
de sentimientos patrióticos. Esto se debió en buena medida
a la manipulación de los medios de información, que exageraban
las victorias argentinas y callaban las noticias sobre el contraataque
inglés.
Pero
los argentinos no pudieron evadir mucho tiempo la realidad. Las tropas
británicas, mejor entrenadas y más experiementadas, sitiaron
a los soldados argentinos que se encontraban en Port Stanley y obtuvieron
su rendición. La derrota golpeó muy duro el ánimo
de los argentinos. El sentimiento de fracaso llevó a la decepción
total del régimen militar que los gobernaba. El
fervor patriótico se tornó en manifestaciones ante la
Casa Rosada y el general Galtieri se conviritó en el blanco de
los ataques.