Cuando empezó la guerra la mayoría de los británicos
no podía ubicar las islas Malvinas en un mapa, mientras que para
los argentinos esas islas eran una convicción nacional ("¡Las
Malvinas son nuestras!"). Sin embargo, había varias buenas
razones para que los ingleses defendieran su patrimonio territorial.
En principio por orgullo nacional. También era fundamental para
la política exterior inglesa que este país no se mostrara
débil ante los soviéticos y el resto de los europeos.
Finalmente, Margaret Thatcher necesitaba ganar las elecciones legislativas
programadas para principios de 1983 y este conflicto le daba la oportunidad
de aprovechar los efectos de una victoria militar y diplomática
bien explotada.