Las fuerzas armadas argentinas eran el segundo ejército de América Latina, con 230 mil hombres, 165 aviones y 20 navíos de combate. Aunque su material bélico era anticuado, sus soldados estaban muy motivados y bien entrenados y habían ganado fama en la lucha antiguerrilla. Sin embargo, el gobierno militar mandó a las Malvinas sólo a 12 mil hombres, de los cuales en su mayoría eran conscriptos poco entrenados, de brigadas de infantería.

El resto permanencieron en sus puestos frente a Chile y Brasil, países con los que los argentinos tenían conflictos territoriales.

Las fuerzas armadas británicas tenían 350 mil hombres, todos profesionales.

 

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Gran Bretaña mando a las Malvinas un cuerpo expedicionario de 28 mil hombres (fuerzas de infantería, marines y paracaidistas) y movilizó todos los recursos de su flota: 110 navíos, de los cuales 33 eran de combate. También llevó 38 aviones de combate, así como un centenar de aviones y helicópteros de apoyo.

A pesar de su superioridad militar, faltó poco para que los británicos sufrieran una derrota. La Royal Navy llegó al límtie de las pérdidas soportables: la tercera parte de sus destructores y fragatas. La batalla aérea fue muy reñida y ningún bando pudo tomar una ventaja decisiva sobre el archipiélago. Para fortuna de los ingleses, el mando argentino de tierra tuvo muchos errores, entre los peores fue el retiro de tropas de élite e instalar conscriptos mal armados y poco entrenados.

 

 

El 2 de mayo el crucero argentino General Belgrano fue hundido por el submarino nuclear Conqueror. Este ataque mostró la determinación británica y logró que la flota argentina regresara a su puerto.

Sin embargo, dos días después, el destructor inglés Sheffield fue hundido por un misil Exocet disparado por un avión de Argentina, lo que le valió una formidable publicidad a la industria francesa, productora tanto del avión como del cohete. Las fuerzas aéreas inglesas bombardearon la isla Pebble, con lo cual atemorizaron a los argentinos ante la posibilidad de un bombardeo sobre Buenos Aires. La aviación argentina destruyó y dañó varios buques ingleses, pero perdió a su vez decenas de aviones. El 28 de mayo los paracaidistas ingleses se enfrentaron con los argentinos en Darwin y Goose Green, y ganaron. Durante dos semanas, las fuerzas inglesas avanzaron progresivamente sobre Puerto Stanley, cercando a la guarnición argentina. Después de los últimos enfrentamientos, el general Menéndez se rindió sin condiciones el 14 de junio.