La industria no se parará mientras exista un trabajador petrolero

Los testimonios que pueden leerse a continuación provienen de trabajadores participantes en la consolidación de la industria petrolera. Son un ejemplo de cómo el pueblo se constituyó en el eje de la gran acción nacionalista del cardenismo. En su voz se expresa con viveza y coraje la explotación a la que eran sometidos los petroleros por las compañías extranjeras.

Las condiciones de vida y de trabajo establecidas para los trabajadores mexicanos, eran humillantes y discriminatorias:

Se laboraba doce horas diarias, no se tenía derecho a vacaciones, descanso dominical o días festivos; derecho a la jubilación por vejez o por accidente de trabajo; no se pagaban gastos funerarios ni indemnizaciones; no se otorgaban prestaciones, no tenían hospitales, escuelas, centros sociales, obras de aprovisionamiento, de saneamiento de aguas, ni plantas de luz.

A lo anterior debe agregarse el uso, por parte de las compañías de las guardias blancas contra los trabajadores; atropellos, abusos y asesinatos.

Los testimonios también transmiten la alegría y entusiasmo con que se recibió la noticia de la expropiación, y narran las dificultades a que se enfrentaron los trabajadores durante esta etapa conocida como, "La guerra del parche":

"...la industria trabajó con penalidades por que... las compañías dieron la orden de que no se mandara ni un tornillo para refacción; pensaban que con el tiempo la industria se les iba a entregar...los trabajadores tenían que hacer reparaciones con pedazos de materiales, buscarlos en los basureros, para que la industria no se parara..."

 


En la memoria de los trabajadores quedó grabada con orgullo la hazaña de la construcción de una industria a partir de la chatarra, gracias a la experiencia obrera.

"...esa compañía era tan miserable que en lugar de aumentar los salarios, lo que hacía era disminuirlos... nos decían que para poderse sostener debíamos sacrificarnos algo..."
Angel Gómez (Compañía Imperio- asociada a la Sinclair)

"...trabajar con las compañías era trabajar como esclavos, el país...era botín de todos los extranjeros, se llevaban todo lo que podían, se lo llevaban como leña".
Domitilo Olvera

"Descansábamos tres días al mes y no teníamos ningún beneficio."
José Angel Gómez


Domitilo Olvera:
"En 1936 hubo una huelga donde los trabajadores pedíamos un buen trato como humanos, aumento salarial y la parte médica. Las compañías no quisieron darlos. Nunca quisieron otorgar las peticiones.

Durante las huelgas había mucha solidaridad por parte del pueblo. El movimiento era bien visto. Ayudaban otros sindicatos como el ferrocarrilero y el de electricistas. Los chinos de las tiendas se portaban bien, aguantaban todo el tiempo de huelga suministrándole lo necesario a los trabajadores. En una libreta apuntaban lo que se debía. Cuando terminaba la huelga y había dinero, se liquidaba el adeudo."

Francisco Siordia Ramos:
No había lo necesario para hacer una reparación y muchas veces teníamos que ir a buscar a los tiraderos empaquetaduras, abrazaderas, materiales para reparar una fuga en una línea; por que la planta no podía pararse. Esto sucedió en los tiempos de guerra y había necesidad de surtir el mercado.

Fuente:
Gallegos Martínez Ariel et. Al
Testimonios de la expropiación;
Editorial Nuestro Tiempo, México, 1990

 


Expropiación petrolera
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