Los
testimonios que pueden leerse a continuación provienen de trabajadores
participantes en la consolidación de la industria petrolera.
Son un ejemplo de cómo el pueblo se constituyó en el eje
de la gran acción nacionalista del cardenismo. En su voz se expresa
con viveza y coraje la explotación a la que eran sometidos los
petroleros por las compañías extranjeras.
Las
condiciones de vida y de trabajo establecidas para los trabajadores
mexicanos, eran humillantes y discriminatorias:
Se
laboraba doce horas diarias, no se tenía derecho a vacaciones,
descanso dominical o días festivos; derecho a la jubilación
por vejez o por accidente de trabajo; no se pagaban gastos funerarios
ni indemnizaciones; no se otorgaban prestaciones, no tenían hospitales,
escuelas, centros sociales, obras de aprovisionamiento, de saneamiento
de aguas, ni plantas de luz.
A
lo anterior debe agregarse el uso, por parte de las compañías
de las guardias blancas contra los trabajadores; atropellos, abusos
y asesinatos.
Los
testimonios también transmiten la alegría y entusiasmo
con que se recibió la noticia de la expropiación, y narran
las dificultades a que se enfrentaron los trabajadores durante esta
etapa conocida como, "La guerra del parche":
"...la
industria trabajó con penalidades por que... las compañías
dieron la orden de que no se mandara ni un tornillo para refacción;
pensaban que con el tiempo la industria se les iba a entregar...los
trabajadores tenían que hacer reparaciones con pedazos de materiales,
buscarlos en los basureros, para que la industria no se parara..."