"¡Misteriosos
son los trabajos del creador, el autor de todas las cosas! Cuando alguien
viene a contar de nuevo acerca de los francos, él no puede sino
glorificar a Allah y santificarlo, porque él no ve a los francos
sino como animales que poseen las virtudes del valor y de la lucha,
pero nada más. Ahora daré algunos ejemplos de sus acciones
y de su mentalidad curiosa. En el ejército de rey Fulk, el hijo
de Fulk, era un caballero franco nombrado caballero apenas llegó
de su tierra, con la finalidad de hacer el santo peregrinaje y después
volver a casa. Él estaba muy cerca de mi estancia y guardó
a tal compañía conmigo que comenzó a llamarme "hermano."
Entre nosotros estaban los enlaces mutuos de la amistad. Cuando él
resolvió volver por el mar a su patria, me dijo:
Mi hermano, vuelvo a mi país y deseo que usted envíe conmigo
a su hijo (mi hijo, quien entonces tenía catorce años,
y vivía aún en mi compañía) a nuestro país,
donde él puede ver a los caballeros y aprender sabiduría
y caballería. Cuando él vuelva, será un hombre
sabio.
Así llegaron sus palabras a mis oídos, palabras que nunca
saldrían de la cabeza de un hombre sensible; incluso pienso que
si mi hijo debía ser tomado cautivo, su cautiverio no podría
traerle una desgracia peor que llevándolo en las tierras de los
francos. Sin embargo, dije al hombre: Por vida tuya, ésta ha
sido exactamente mi idea. Pero la única cosa que evitó
que la expresara es que estaba el hecho de que su abuela, mi madre,
está muy encariñada con él y esta vez lo dejó
salir conmigo con la condición de un juramento de mi parte en
el cual prometí que lo regresaría a ella. Entonces él
me preguntó, ¿todavía está viva tu madre?
Sí, contesté. Bien, no la desobedezcas me dijo. De este
modo pude evitar que mi hijo cayera en manos de los francos.
Los francos están vacíos de todo celo. Alguno puede ir
caminando con su esposa. Encuentran otro hombre y el esposo acepta que
el otro hombre lleve a la mujer por la mano mientras que el marido espera
a su esposa para concluir la conversación. Si ella se rezaga
demasiado tiempo, él esposo la deja sola con el recién
encontrado y se va.
Aquí está un ejemplo que yo mismo atestigüé:
Cuando visitaba Nablus, me alojé siempre con un hombre nombrado
Múizz, cuyo hogar era una casa que alojaba musulmanes. La casa
tenía ventanas que se abrían hacia el camino, y justo
en el lado opuesto de la calle había una casa que pertenecía
a un franco que vendía vino a los comerciantes. Él tomaba
un poco de vino en una botella y rondaba anunciando con gritos: "El
que quiera algo tendrá que encontrar el barril recién
abierto en mi casa". El premio a quien lo encontrara sería
el vino de esa botella. Un día este franco fue a casa y encontró
a un hombre con su esposa en la misma cama. Él le preguntó,
¿qué habrá podido hacer que usted entrara al cuarto
de mi esposa? El hombre contestó: estaba cansado, quería
un poco de vino y entré a tu casa. ¿Pero cómo has
encontrado mi cama? Preguntó el vendedor. El otro respondió:
no encontré el barril pero encontré una cama vacía
así que me dormí en ella. ¡Pero mi esposa dormía
junto con usted! El otro contestó: bueno, la cama es de ella,
¿cómo habría podido yo, por lo tanto, evitar que
use su propia cama? Por la verdad de mi religión, dijo el marido,
si te vuelvo a ver otra vez, tú y yo tendremos una pelea. Tal
era para el franco la expresión entera de su desaprobación
y del límite de sus celos.
Otra ilustración: En otra ocasión entré a un baño
público en el sur y tomé mi lugar en una parte aislada.
Uno de mis criados me dijo: hay con nosotros una mujer en el baño.
Cuando salí, me senté en uno de los bancos de piedra y
¡contemplé! la mujer sin vestido alguno y estaba parada
con su padre apenas enfrente de mí. Pero no podía estar
seguro de que ella era una mujer. Dije a uno de compañía:
¡por Allah, ve si esto es una mujer!, por lo que entendí
que él debía preguntarle a ella. Pero mi criado fue, y
comenzó a mirarla, levantó el extremo de su traje y miraba
cuidadosamente. Su padre se dio la vuelta hacia mí y dijo: esta
es mi hija. Su madre está muerta y ella no tiene a nadie para
lavarle el pelo. La llevé conmigo al baño y lavé
su cabeza. Yo contesté: Tú lo has hecho bien! Esto es
algo por lo cual tú debes ser recompensado [¡por Allah!]
Entre
los francos están los que se han aclimatado y se han asociado
con musulmanes. Éstos son mucho mejor que los recién llegados
de las tierras francas, pero constituyen la excepción y no pueden
ser tratados como la regla general. Aquí está una ilustración.
Envié a uno de mis hombres a Antioquía a un negocio. Estaba
en esa región, en aquella época, al-Ráis Theodoros
Sophianos. Su influencia era suprema. Un día él dijo a
mi hombre: un amigo me invitó a su estancia, él es franco.
Debes venir conmigo, para que puedas observar sus maneras. Mi hombre
relató la historia de la siguiente manera: Fui junto con él
al hogar de un caballero que perteneció a la vieja categoría
de los caballeros que vinieron con las expediciones tempranas de las
tierras francas. Para este momento él ya había sido eximido
de servicio y posee en Antioquía una propiedad cuya renta le
permite vivir. El caballero nos ofreció una mesa excelente, con
alimentos extraordinarios, limpios y deliciosos. Viéndome abstenerme
de comer, él dijo: ¡coma, sea usted un buen huésped!
Yo nunca como platos francos, pero tengo cocineras egipcias y nunca
como otra comida excepto su cocinar. Además, el cerdo nunca entra
en mi hogar. Sin embargo yo comí, pero cautelosamente; poco después
salimos de su casa.
Pasamos por el mercado y una mujer franca se colgó de pronto
de mis ropas, y comenzó a murmurar palabras en su lengua por
lo que no entendí lo que estaba diciendo. Esto me hizo inmediatamente
el centro de la muchedumbre franca; yo estaba convencido de que mi muerte
me tomaba de la mano. De repente un caballero se acercó y le
preguntó a la mujer: ¿Cuál es tu asunto con este
musulmán? A lo que ella contestó: él es quien ha
matado a mi hermano Hurso. Este Hurso fue un caballero que murió
en la batalla de Afiimiyah a manos de la gente de Hamah.
El caballero cristiano le dijo con gritos: Este es un burgués,
tiene el olor de un mercader, que no pelea ni pretende pelear. También
gritó a la gente a mi alrededor hasta que por fin se dispersó.
Después me tomó de la mano y se fue lejos. Así
fue como el efecto de la comida me salvó de una muerte segura".
(Fragmento tomado de Internet Medieval Source Book, coordinado
por Paul Hallsal, 1998).