No todos los hombres cristianos apoyaron la causa de las Cruzadas; por el contrario, se levantó una ola de protesta hacia la guerra que se mantenía contra los sarracenos en el nombre de Dios.
El rey Luis de Francia permaneció largo tiempo en Palestina durante la segunda Cruzada, pero finalmente abandonó la Tierra Santa en el verano de 1149 sin procurar acción militar. En Europa, paralelamente, una actitud hostil hacia las Cruzadas, era expresada por el analista anónimo de Würzburg, Alemania:

 


"Dios permitió que la iglesia occidental, a causa de sus pecados, fuera echada abajo. Se presentaron, de hecho, ciertos pseudo profetas, los hijos de Belial, y los testigos de Anticristo, que sedujo a los cristianos con palabras vacías. Obligaron a toda clase de hombres, por la predicación inútil, a colocarse en contra de los sarracenos para liberar Jerusalén. La predicación de estos hombres era tan enormemente influyente que los habitantes de cada región, por los votos comunes, se ofrecieron libremente para la destrucción. No solamente la gente ordinaria, sino reyes, duques, marqueses, y otros hombres poderosos de este mundo también lo hicieron; todos creyeron que mostraban así, su lealtad a Dios. Los obispos, los arzobispos, abades, y otros ministros y prelados de la iglesia se unieron para cometer este error, lanzándose de cabeza al gran peligro de cuerpos y de almas. Las intenciones de los hombres eran diferentes. Algunos, codiciosos después de saber de las novedades del Oriente, fueron para conocerlas. Los otros fueron conducidos por la pobreza, estaban en una posición difícil en su propio país; estos hombres fueron a luchar, no solamente contra los enemigos de la cruz de Cristo, sino también contra los amigos del nombre cristiano, dondequiera que apareciera la oportunidad, para aliviar su pobreza interior. Hubo otros quienes, oprimidos por deudas, intentaron escapar del servicio debido a sus señores; también hubo otros que, aguardando el castigo merecido por sus hechos vergonzosos buscaron una salida. Tales hombres simularon un celo para con Dios y aceleraron su partida, para escaparse de tales apuros y ansiedades. Algunos podrían, con dificultad, ser encontrados entre los que no habían arqueado sus rodillas a Baal, sólo que fueron dirigidos por un propósito santo como es ser inspirado por su divina majestad para pelear, o incluso derramar sangre por el Santo de Santos".


(Fragmento tomado de Annales Herbipolenses, s.a. 1147).

 

 


¿Por qué fue un error, según el analista anónimo, convocar y realizar las Cruzadas?
¿Cuáles eran los "verdaderos" motivos de los hombres para ir a luchar?
¿Crees que por criticar este episodio, el analista faltaba a sus principios cristianos? ¿Por qué?

 


Cuando se llevó a cabo la primera Cruzada las costumbres de los hombres cruzados contrastaron frente a las reglas de comportamiento que imperaban entre los cristianos de Oriente. La hija de Alejo Comneno, el emperador que solicitó ayuda para vencer a los turcos, expresó su parecer de los cruzados en una carta personal, como veremos a continuación. La presencia de los occidentales no le parecía adecuada:

La mala educación de un príncipe franco según Ana Comnena, hija del emperador Alejo Comneno.

"Cuando los francos de mala gana vinieron todos juntos y realizaron el juramento de fidelidad al emperador, hubo entre ellos un conde que tuvo la osadía de sentarse en el trono imperial. El emperador, conociendo el orgullo de los latinos, permaneció en silencio, pero Balduino se acercó al conde, y llevándolo de la mano a un lado, le dijo: "No debiste haber hecho eso, es un honor que el emperador no le concede a nadie. Ahora que estás en este país, por qué no observas sus costumbres?" El conde insolente no respondió a Balduino, sino que, como si estuviera hablando solo, empezó a decir en su lenguaje bárbaro: "Debe ser un hombre grosero aquel que permanece sentado mientras tantos valientes guerreros están de pie". Alejo notó el movimiento de los labios del hombre y pidió a un intérprete que tradujera lo que decía, pero cuando el intérprete le informó lo que había dicho, no se quejó ante los francos. Sin embargo, nunca olvidó el asunto.

Cuando los condes vinieron a despedirse del emperador, éste retuvo al caballero que había cometido la descortesía y le preguntó quién era. "Yo soy un franco", contestó, "de la más alta y ancestral alcurnia.


Sólo sé una cosa, y es que en mi país hay una iglesia en un cruce de caminos, donde se apuestan todos aquellos que desean probar su valor en combate singular, y hacen allí sus oraciones a Dios mientras esperan que llegue un retador; y yo permanecí mucho tiempo en ese lugar sin que nadie osara cruzar espadas conmigo".
Alejo estaba en guardia tratando de no aceptar el desafío. "Si tú entonces tuviste que esperar tanto sin poder mostrar tu bravura", le dijo, "ahora tendrás la oportunidad de combatir; y si tuviera que darte un consejo, éste sería que no marches ni en la vanguardia ni en la retaguardia del ejército, sino en el medio. La experiencia que tengo de combatir a los turcos me ha enseñado que ésa es la mejor posición".

 

 

¿Qué le molestó a Anna y al emperador del noble francés?
¿Cuál es la moraleja del consejo de Alejo al joven francés antes de entrar en combate?

Otras fuentes