Discurso
de Urbano II en el concilio de Clermont de 1095 según Fulquerio
de Chartres
(fragmento)
"Mis
más queridos hermanos: urgido por la necesidad, yo, Urbano,
con el permiso de Dios obispo en jefe y prelado de todo el mundo,
he venido hasta estos parajes en calidad de embajador, portando una
admonición divina a vosotros, servidores de Dios. He guardado
la esperanza de encontraros tan fieles y celosos en el servicio del
Señor como es de esperarse. Pero si hay alguna deformidad o
flaqueza contraria a la ley divina, invocando su ayuda haré
lo más que pueda para erradicarla. Porque el Señor os
ha puesto como servidores ante su familia. Felices seréis si
os encuentra fieles a vuestro ministerio. Sois llamados pastores,
esmeraos por no actuar como siervos. Pero sed buenos pastores, llevad
siempre vuestros báculos en las manos. No durmáis, sino
que guardéis todo el tiempo al rebaño que se os ha asignado.
Porque si por vuestra negligencia viene un lobo y os arrebata una
sola oveja, ya no seréis dignos de la recompensa que Dios ha
reservado para vosotros. Y después de haber sido flagelados
despiadadamente por vuestras faltas, seréis abrumados con las
penas del infierno, residencia de muerte. Ya que vosotros habéis
sido llamados en el Evangelio la sal de la tierra (Mateo 5:13), pero
si faltáis a vuestros deberes, cómo, se preguntarán
todos, ¿se podrá salar la tierra? En todo caso, es necesario
que vosotros corrijáis con la sal de la sabiduría a
todos aquellos necios que están entregados a los placeres de
este mundo, no sea que el Señor, cuando quiera dirigirse a
ellos, los encuentre putrefactos en medio de sus pecados apestosos
y sin curar. Pues si Él encuentra dentro de ellos gusanos,
es decir, pecados, porque vuestra negligencia os impidió asistirlos,
El los declarará como inservibles, merecedores únicamente
de ser arrojados al abismo donde se dejan las cosas sucias. Y ya que
vosotros no pudisteis evitarle al Señor estas graves pérdidas,
seguramente El os condenará y os apartará de Su dulce
presencia.
Aunque, Oh hijos de Dios, vosotros habéis prometido más
firmemente que nunca mantener la paz entre ustedes y mantener los
derechos de la Iglesia, aún queda una importante labor que
debéis realizar. Urgidos por la corrección divina, debéis
aplicar la fuerza de vuestra rectitud a un asunto que os concierne
al igual que a Dios. Puesto que vuestros hermanos que viven en el
Oriente requieren urgentemente de vuestra ayuda, y vosotros debéis
esmeraros para otorgarles la asistencia que les ha venido siendo prometida
hace tanto. Ya que, como habréis oído, los turcos y
los árabes los han atacado y han conquistado vastos territorios
de la tierra de Romania (el imperio bizantino), tan al oeste como
la costa del Mediterráneo y el Helesponto, el cual es llamado
el Brazo de San Jorge. Han ido ocupando cada vez más y más
los territorios cristianos, y los han vencido en siete batallas. Han
matado y capturado a muchos, y han destruido las iglesias y han devastado
el imperio. Si vosotros, impuramente, permitís que esto continúe
sucediendo, los fieles de Dios seguirán siendo atacados cada
vez con más dureza. En vista de esto, yo, o más bien,
el Señor os designa como heraldos de Cristo para anunciar esto
en todas partes y para convencer a gentes de todo rango, infantes
y caballeros, ricos y pobres, para asistir prontamente a aquellos
cristianos y destruir a esa raza vil que ocupa las tierra de nuestros
hermanos. Digo esto para los que están presentes, pero también
se aplica a aquéllos ausentes. Más aún, Cristo
mismo lo ordena.
Todos aquellos que mueran por el camino, ya sea por mar o por tierra,
o en batalla contra los paganos, serán absueltos de todos sus
pecados. Eso se los garantizo por medio del poder con el que Dios
me ha investido. ¡Oh terrible desgracia si una raza tan cruel
y baja, que adora demonios, conquistara a un pueblo que posee la fe
del Dios omnipotente y ha sido glorificada con el nombre de Cristo!
¡Con cuántos reproches nos abrumaría el Señor
si no ayudamos a quienes, con nosotros, profesan la fe en Cristo!
Hagamos que aquellos que han promovido la guerra entre fieles marchen
ahora a combatir contra los infieles y concluyan en victoria una guerra
que debió haberse iniciado hace mucho tiempo. Que aquellos
que por mucho tiempo han sido forajidos ahora sean caballeros. Que
aquellos que han estado peleando con sus hermanos y parientes ahora
luchen de manera apropiada contra los bárbaros. Que aquellos
que han servido como mercenarios por una pequeña paga ganen
ahora la recompensa eterna. Que aquellos que hoy en día se
malogran en cuerpo tanto como en alma se dispongan a luchar por un
honor doble. ¡Mirad! En este lado estarán los que se
lamentan y los pobres, y en este otro, los ricos; en este lado, los
enemigos del Señor, y en este otro, sus amigos. Que aquellos
que decidan ir no pospongan su viaje, sino que renten sus tierras
y reúnan dinero para los gastos; y que, una vez concluido el
invierno y llegada la primavera, se pongan en marcha con Dios como
su guía".