Si estuvieras dando un paseo por el centro de la Ciudad de México en 1875 quizá pasarías frente a muchas pulquerías con nombres curiosos. Pero la de nombre más raro era sin duda el más reciente lugar de reunión de los amantes del pulque: "El tránsito de Venus".

El nombre de esta pulquería no era ninguna alusión a la mitología romana, sino el homenaje que hacían los pulqueros a un importante acontecimiento científico de 1874. Ése fue el año en que una expedición mexicana viajó a Japón para observar el paso del planeta Venus por el disco del sol.

Los tránsitos de Venus se dan en pares; el segundo tránsito de un par ocurre ocho años después del primero. Entre una pareja de tránsitos de Venus y la siguiente transcurren poco más de 100 años. El tránsito de 1874 fue el primero de un par. El inmediato anterior había ocurrido el 3 de junio de 1769.

 

 

 

Venus cruzando el disco del sol el 9 de diciembre de 1882.

Los tránsitos de Venus son interesantes porque les permiten a los científicos medir la "paralaje solar", una cantidad con la cual se puede determinar con precisión la distancia de la Tierra al sol. El equipo mexicano estaba participando en una colaboración internacional para determinar la paralaje solar. Emocionado con el proyecto, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada escogió como líder de la expedición que viajaría a Japón a Francisco Díaz Covarrubias, geógrafo del Colegio de Minería.

En aquella época no había carreteras seguras de la Ciudad de México al Pacífico, de modo que Díaz Covarrubias y su equipo tomaron un tren a Veracruz, haciendo una escala de varios días en Orizaba cuando se enteraron de que en el puerto había una epidemia de vómito negro.

De Veracruz viajaron a La Habana y de ahí a Filadelfia, para después trasladarse a Nueva York, donde indagaron acerca de los horarios de los barcos que zarpaban de San Francisco rumbo a Japón. Luego atravesaron Estados Unidos y llegaron a San Francisco. El 19 de octubre zarparon en el vapor Vasco de Gama. La expedición mexicana llegó a Yokohama, Japón, el 9 de noviembre de 1874, exactamente un mes antes del tránsito de Venus.

Díaz Covarrubias quería construir dos estaciones de observación en suelo japonés, pero para eso necesitaba licencias. Quiso la mala suerte que llegaran a Japón en época de fiesta naciona, y Díaz Covarrubias tuvo que esperar varios días la respuesta del gobierno japonés. Entre tanto, contrató a un carpintero chino que entendía un poco de inglés para construir las estaciones. Cuando el gobierno de Japón respondió por fin, lo hizo con creces. Hasta le proporcionaron a Díaz Covarrubias una línea de telégrafo especial para que pudiera comunicarse con sus colegas estadounidenses y franceses, quienes se encontraban en Kobe y Nagasaki. El tránsito de Venus se observó con todo detalle el 8 y el 9 de diciembre de 1874.

 



El tránsito de Venus
de 1882 fotografiado por otra expedición. El disco oscuro del planeta se ve arriba a la derecha.

Francisco Díaz Covarrubias y sus hombres emprendieron el regreso a México cruzando el Océano Índico hasta el Mar Rojo. Ahí atravesaron el canal de Suez y el Mar Mediterráneo. Ya en tierra, se dirigieron a París, donde publicaron sus resultados.

De Francia regresaron a Veracruz. El 19 de noviembre de 1875 --más de un año después de la partida-- el tren que transportaba a los expedicionarios mexicanos se detuvo ruidosamente en la estación de Buenavista. El gobierno los recibió como héroes y al día siguiente la hazaña salió reseñada en el periódico El siglo diecinueve.

¿Se habrán enterado los clientes de "El tránsito de Venus"? ¿Habrán brindado por los héroes? ¿Se enorgulleció la pulquería de que el acontecimiento que le daba nombre saliera en el periódico? Nunca lo sabremos.

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Eclipses, tránsitos y ocultaciones
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