Los
tránsitos de Venus son interesantes porque les permiten
a los científicos medir la "paralaje solar",
una cantidad con la cual se puede determinar con precisión
la distancia de la Tierra al sol. El equipo mexicano estaba participando
en una colaboración internacional para determinar la paralaje
solar. Emocionado con el proyecto, el presidente Sebastián
Lerdo de Tejada escogió como líder de la expedición
que viajaría a Japón a Francisco Díaz Covarrubias,
geógrafo del Colegio de Minería.
En
aquella época no había carreteras seguras de la
Ciudad de México al Pacífico, de modo que Díaz
Covarrubias y su equipo tomaron un tren a Veracruz, haciendo una
escala de varios días en Orizaba cuando se enteraron de
que en el puerto había una epidemia de vómito negro.
De
Veracruz viajaron a La Habana y de ahí a Filadelfia, para
después trasladarse a Nueva York, donde indagaron acerca
de los horarios de los barcos que zarpaban de San Francisco rumbo
a Japón. Luego atravesaron Estados Unidos y llegaron a
San Francisco. El 19 de octubre zarparon en el vapor Vasco de
Gama. La expedición mexicana llegó a Yokohama, Japón,
el 9 de noviembre de 1874, exactamente un mes antes del tránsito
de Venus.
Díaz
Covarrubias quería construir dos estaciones de observación
en suelo japonés, pero para eso necesitaba licencias. Quiso
la mala suerte que llegaran a Japón en época de
fiesta naciona, y Díaz Covarrubias tuvo que esperar varios
días la respuesta del gobierno japonés. Entre tanto,
contrató a un carpintero chino que entendía un poco
de inglés para construir las estaciones. Cuando el gobierno
de Japón respondió por fin, lo hizo con creces.
Hasta le proporcionaron a Díaz Covarrubias una línea
de telégrafo especial para que pudiera comunicarse con
sus colegas estadounidenses y franceses, quienes se encontraban
en Kobe y Nagasaki. El tránsito de Venus se observó
con todo detalle el 8 y el 9 de diciembre de 1874.