En
1915 Alfred Wegener, un meteorólogo y astrónomo alemán
que había explorado Groenlandia, publicó el libro El
origen de los continentes y los océanos, en el cual proponía
la descabellada hipótesis de que la corteza terrestre estaba
en movimiento.

Wegener escribió: "La idea del desplazamiento de
los continentes se me ocurrió desde 1910, estudiando el mapa
del mundo bajo la impresión directa que me produjo la congruencia
de los contornos de los continentes que están a uno y otro lado
del Atlántico. Al principio no hice mucho caso de esta idea por
parecerme poco probable. Pero en el otoño de 1911 cayó
en mis manos por casualidad un informe por medio del cual me enteré
de que había pruebas paleontológicas de la existencia
de un antiguo puente terrestre entre Brasil y África".
Hacía tiempo ya que los paleontólogos estaban confundidos
por las semejanzas de las especies prehistóricas que habían
poblado tierras separadas por vastos océanos; por ejemplo, África
y América del Sur. Si los continentes estaban fijos --y descartando
la idea absurda de que una especie hubiera surgido en dos lugares distintos
de manera independiente--, la única forma de explicar estas semejanzas
era suponer que en el pasado había existido una conexión
por tierra entre ambos continentes, que luego se había hundido,
dando lugar al océano Atlántico.
Wegener reunió toda la evidencia en favor de los supuestos puentes
terrestres y escribió: "Quizá no sea exagerado decir
que si no aceptamos la idea de estas antiguas conexiones terrestres,
la evolución de la vida en la Tierra y las semejanzas entre los
organismos modernos de continentes muy separados son un acertijo sin
solución".
A menos que, en lugar de haber estado conectados por tierras intermedias
hoy hundidas, estos continentes hubieran estado conectados simplemente
porque en el pasado estaban juntos.